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Se Entregan dos salas de procesos lácteos en Río Ibáñez

Productores caprinos recibieron dos modernas salas que les permitirán elaborar queso, manjar y yogur, impulsando la economía familiar y agregando valor al producto local. Serían las más australes de Chile.

En la comuna de Río Ibáñez, donde la crianza de cabras es durante años una herencia campesina, hoy un antiguo anhelo se materializa. Con la entrega de dos salas de proceso para productos lácteos, las más australes del país, pequeños productores podrán comercializar sus derivados cumpliendo con todas las exigencias sanitarias, lo que marca un antes y después para la agricultura familiar caprina de la Región de Aysén.

La emoción y el agradecimiento brotaban entre los asistentes durante la inauguración de ambas infraestructuras, financiadas con recursos del Gobierno Regional de Aysén y su Consejo, la Seremi de Agricultura y el municipio de Río Ibáñez. Para los beneficiarios, no se trata solo de un avance técnico, sino del reconocimiento a toda una vida de trabajo.

Juan Muñoz Arizmendi, productor caprino del Fundo La Pedregosa, sector Palavicini, resumió el significado de este hito, considerándolo un gran avance en términos sanitarios. “No solamente haremos queso, sino también manjar, yogur y todo lo que permita la ley. Hace muchos años, mi esposa, mi hijo y yo soñábamos con esto. La idea es que perdure en el tiempo, porque el campesinado no se termina, se potencia,” expresó orgulloso el productor. Añadió, “nací bajo el alero del campesinado. Mi abuelo, mi padre y ahora yo, y seguirán mis hijos trabajando la tierra”.

Mientras, Gilberto Muñoz, productor caprino del sector El Maitenal, también celebró el logro, esperado por mucho tiempo “desde que empezamos con el rubro caprino, este sueño que algún día pudiéramos trabajar conjuntamente con nuestras familias para vender con más confianza al fin se logró. Con esto empezamos a sacar nuestros productos como deben ser, con toda la resolución sanitaria, que es lo más importante”.

Su esposa, Ana Villagrán, no pudo ocultar la felicidad de cumplir el sueño, “desde que nacimos, nos criamos viendo cómo se elaboraba queso. Mi papá, mi mamá hacían ricos quesos, pero de vaca. Ahora haremos de cabra, y manjar de leche de chiva. Ya he entregado queso a mucha gente, todos lo conocen, pero en esta temporada ya no queda ni queso ni manjar. Ahora vamos a poder trabajar tranquilos.

Las autoridades destacaron el impacto de esta inversión. El seremi de Agricultura de Aysén, Yordy Cea, explicó que la idea surge de un requerimiento local, “es una tremenda inversión que surge en respuesta a una necesidad sentida de los productores caprinos de la región. Hoy no solo están centrados en la comuna de Ibáñez, sino abiertos a toda la región”.

El gobernador regional de Aysén, Marcelo Santana, puso el foco en el cambio de paradigma económico, enfatizando en que este sector se ha vuelto importante en la economía regional y local, “el sector caprino se ha transformado en una actividad relevante. Estas plantas apuntan a que el campo pase de una economía de subsistencia a un escalamiento productivo. Es una inversión muy importante para las familias”.

Uno de los datos más simbólicos lo entregó Rodrigo Castillo, médico veterinario y asesor productivo del Programa Caprino, “estas son las dos salas de elaboración de productos lácteos de origen caprino más australes de Chile, las únicas a nivel de la Patagonia chilena y, por ende, de las más australes del mundo. Eso es un valor agregado altísimo: la identidad del territorio y esta denominación”.

Para el alcalde de Río Ibáñez, Marcelo Jelvez, este aporte a la comuna es un gran avance para las familias “son muy significativos estos pasos para nosotros porque vienen a consolidar un rubro que está creciendo.”

Con estas dos salas de proceso, los productores de Río Ibáñez no solo mejoran sus condiciones de trabajo y la inocuidad de sus alimentos, sino que también escriben un nuevo capítulo en la historia caprina de Aysén. La apuesta ahora es clara; trabajar para que la próxima temporada los quesos, manjares y yogures con sello patagónico y sello familiar lleguen a más mesas de Chile y del mundo, manteniendo vivo el legado de sus abuelos y asegurando el sustento de las generaciones que vienen.

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